El Cocinero Real


 A continuación les dejo una historia corta que escribí hace 10 años más o menos, no me acuerdo en sí en que me inspiré para escribirla.

Influenciado por un conocido que pensaba que el final era muy pobre o hasta "muy de Disney" como lo calificó, decidí escribir un final alternativo el cual incluí porque no me parecia justo el que leyeran esta historia sin tener su primera y hasta ahora única versión por completo.

Sin más palabras les dejo esta breve historia la cual se encuentra tal como la escribí en su momento y sin correcciones de ningún tipo.


El rey odiaba al joven chef que estaba logrando su fama por medios (según fuentes públicas) legítimos pero esta no era la razón que llevaba al rey a tener un odio descomunal por su sirviente el cual había cocinado los manjares más deliciosos que el país haya conocido en siglos de existencia. El odio provenía puramente de esta curiosa habilidad que poseía el joven el cual era solicitado en todas las cocinas del reino pero sólo era restringido a las bodegas reales.


Por esta razón el rey mando ejecutar a su fiel sirviente el cual desde hace años había sido el cocinero real que había dado maravillosos momentos de deleite culinario al rey. El joven sería ejecutado al amanecer del otro día mediante la horca por cargos de brujería que el rey le había adjudicado por medio de sus obispos.


El joven debía de pasar la noche en los calabozos reales en los cuales permanecería encerrado hasta el momento de su ejecución, pero se le había dado un lujo que ningún otro carcelero había tenido, una pequeña cocina en la cual él cocinaría su última cena si así gustase antes de su ejecución, pero siempre a la vigilia de un guardia que impediría que el muchacho se quitara la vida para evadir el juicio real.


Él paso toda la noche preparando lo que sería su última obra maestra, un pastelillo de un sabor único, antes de ser ejecutado. Sin embargo, al finalizarla sintió una enorme tristeza al saber que quizá nadie más que él conocería su sabor así que le ofreció una al guardia que lo estaba vigilando para que este le dijera el sabor de su creación final.


El guardia con gusto aceptó el pastelillo el cual disfrutó con gran deleite y dando sus más grandes halagos al joven, se lamentó del destino que le esperaba y le prometió que estaría allí en el momento de su ejecución. El joven, por supuesto se sintió halagado y decidió que guardaría un par de pastelillos para dárselos al rey como muestra de lo que estaba por perder.


A la mañana siguiente llegaron a su celda dos guardias y un sacerdote que lo condujeron hasta la plaza central del pueblo en donde se llevaría a cabo el juicio público y posteriormente la ejecución del condenado. En el camino notaron que el joven llevaba una bandeja tapada con un pañuelo y le solicitaron ver el contenido de esta, para ver que no contuviera un elemento punzante que pudiera poner en peligro la vida del rey. El sacerdote removió el pañuelo y descubrió para su júbilo que solamente eran unos pastelillos y rápidamente solícito uno al joven el cual accedió a otorgárselo.


El sacerdote disfrutó de este manjar y le dijo al joven que lamentaba que tal talento fuera desperdiciado y que le parecía que ese sabor era obra de santa y no del diablo como se decía, por lo que se disculpó al no poder hacer nada por el joven. Luego de esto, continuaron su camino hasta llegar a la plaza central donde rodeada por el pueblo se alzaba una plataforma de madera sobre la cual estaban parados el rey, el verdugo, un obispo y varios ministros reales los cuales ( excepto el obispo y el verdugo ) miraban al joven con expresiones de triunfo y repulsión.


Finalmente el joven subió hasta la plataforma y el rey, ayudado por sus ministros, leyó uno por uno los cargos de los cual estaba acusando al joven entre los cuales se encontraban brujería, herejía, entre otros. Al terminar su lectura, el rey le preguntó al joven si tenía un último deseo que quisiera cumplir, el asintió y descubrió su bandeja mostrando los esponjosos pastelillos que había horneado la noche anterior y se los ofreció al rey y su séquito, todos disfrutaron de estos con gran regocijo, incluido el rey que luego de engullir el postre ordenó inmediatamente que colgaran al muchacho ya que su ira había aumentado.


El verdugo procedió a colocar la soga alrededor del cuello del joven y le dijo al rey que este podía tirar de la palanca cuando quisiera, sin embargo el rey se tambaleaba y tenía en su cara una expresión de terror la cual captó la atención de la antes enardecida muchedumbre. De pronto el rey se desplomó si más y todo permaneció en silencio hasta que gente empezó a huir despavorida de la escena temiendo que el joven les hiciera algo parecido a lo que le había sucedido al rey hasta que solamente quedaron el muchacho, el sacerdote y el guardia que lo había estado vigilando la noche anterior.


Ahí nomás el sacerdote interrogó al muchacho sobre el hecho de la muerte del monarca y el dijo que no tenía nada que ver al respecto, los pastelillos habían sido tomados al azar y la probabilidad de que alguno estuviera envenenado y este fuera el que le hubiera podido tocar al rey habría sido mínima, además fundamentó que todos habían comido los pastelillos y que ninguno había sufrido ningún percance.


Satisfechos con la explicación, le preguntaron qué haría de ahora en adelante ya que tal parecía que había ganado su libertad, él les respondió que se mudaría a un reino más prospero en el cual pudiera dar rienda suelta a sus creaciones y donde no tuviera que sufrir represalia alguna por ello. Habiendo oído esto, el guardia y el sacerdote se ofrecieron a acompañarlo en su sueño, lo cual el joven aceptó con gran gusto y así emprendieron el viaje hacia el reino vecino.


Un tiempo después se escuchó en todos los reinos sobre los famosos pastelillos que un joven, un sacerdote y un caballero cocinaban los cuales eran extraordinariamente deliciosos y no tenían alguno que los igualara.


Pero un día, de pronto el joven enfermó de una grave enfermedad que le iba a causar la muerte en los próximos meses. Cuando el muchacho supo que su momento había llegado mando llamar a sus colegas.


Al verlo tan débil, el monje y el caballero se entristecieron, pero él los calmo diciendo que había llegado su hora y debía irse, pero en ese momento una duda invadió al monje que decidió cuestionar al joven nuevamente sobre la muerte del rey hace años.


Hubo un silencio y el joven respondió que no tenía porque hacerle ningún mal al rey pese a su mal accionar y que él había hecho los pastelillos sin haber pensado en que habrían de ser fatales. Luego de haber dicho esto, murió dejando a sus 2 amigos como los herederos de su sueño los cuales lo convirtieron en un manjar que disfrutaba todo el mundo, excepto el reino de donde provenían donde estaba terminantemente prohibido. 


A causa de esto ese reino se marchitó y luego desapareció sin dejar rastro mientras que los demás prosperaron de gran manera.


Todo por un pastelillo.




Final alternativo:

 Hubo un silencio y el joven respondió que desde hace mucho tiempo había estado buscando una forma de eliminar al rey, no sólo como una venganza personal por sus maltratos sino que también porque era un tirano que podía condenar al mundo entero con toda su ambición injustificada, por lo que nadie lo extrañaría si desapareciera. Una sonrisa se cruzo por la cara del joven mientras los 2 lo miraban sin palabras. 

El muchacho murió 2 días después dejando a sus 2 amigos como herederos que decidieron continuar con el sueño del joven en memoria del mismo, pero una pesadez les consumía el corazón…saber que este dulce que hacía tan felices a todos tenía un origen tan oscuro. Pero justificaron esta acción con la reacción que vieron en las personas que cambiaron sus avaras existencias por vidas honestas.




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