La historia de Sean - Capítulo 11
11
La sangre le brotaba por múltiples heridas que se sumaban a las anteriores y un dolor punzante le invadía el brazo derecho, tenía probablemente una fractura. Le costaba respirar y el dolor en el pecho era tremendo, no descartaba que sus costillas estuvieran quebradas también.
Buscó por todos lados la barreta pero no puedo encontrarla, probablemente habría salido volando en el choque o mientras el auto rodaba. Abrió como puedo la puerta de su auto, pero su cuerpo se negaba a mantenerse en pie. Ya el respirar le hacía sentir olas de dolor por todos lados.
- (Esta vez me jodieron de verdad).- Pensó.
Se apoyó contra la rueda trasera y dirigió la vista antes las luces que se le acercaban. Pensó que quizá lo chocarían para rematarle, pero no, las luces se detuvieron y unas figuras se bajaron de lo que parecía ser un auto y un camión.
Sean miró a sus costados buscando algo con lo que defenderse, pero nada a la vista, quedría irse luchando al menos, pero parece eso tampoco le estaba saliendo como queria.
En cuanto los tuvo cerca pudo verlos bien y ciertamente ninguno era humano o al menos no lo parecían, si no hubiera sido porque tenían las mismas facciones que la gente del restaurante, habría pensado que era todo un viaje de ácido. Quizá lo era realmente.
- Esto es un mal viaje, ¿Verdad?, ¿Es uno de estos programas de mierda donde te hipnotizan y te hacen quedar como ridículo frente a miles de espectadores?.- Les preguntó, había una desesperación en su voz.
Los seres que tenía enfrente lo contemplaban, con amplias sonrisas, pero no respondieron a sus preguntas. Sean pudo notar garras en la que parecía ser la pareja de idénticos rostros y reconoció al cocinero por su musculatura, pero estaba lejos de la imagen del peinado de taza y delantal que rezaba “abrace al cocinero”. Calculaba que la mantis con rulos era la mesera.
- (No le ayuda demasiado esos rulos a una mantis).- Pensó.
Pero había una figura que lo desconcertaba, llevaba lo que parecía ser un camisón o vestido largo de color rojo oscuro y los brazos…eran hueso, simplemente hueso. El viaje debía ser muy malo si estaba viendo esto. Pero quizá lo más extraño fuera el rostro o la falta del mismo ya que la forma no era ni remotamente la de un cráneo normal, con esas puntas por todos lados y no había evidencia de boca alguna.
- No es lo que más debería preocuparte en este momento Sean, no en el estado en que estas.- Le dijo el extraño ser a través de una grita que se abrió en su cara, su voz era algo difícil de descifrar, parecía que estaba usando un distorsionador.
- Métete en tus propios asuntos idiota.- Dijo Sean al tiempo que escupía sangre.
El ser que antes había hablado sonrió ante estas palabras y entonces Sean comprendió quien era…el viejo del restaurante.
- Perdiste tu puto sombrero amigo.- Añadió entre risas, pero era más bien una risa nerviosa, no había nada de cómico en su situación actual.
Los antes comensales del restaurante se le acercaron, para finalizarle, pensó Sean en ese momento, pero fueron detenidos por un movimiento de la mano de aquel ser esquelético.
- Un momento, todavía no le maten. Como sabrás y pese a tus bromas eres hombre muerto Sean, ya sea por nuestra mano o por tus heridas si no te paran ese sangrado que tienes.
Hizo una pausa como pensando las próximas palabras y luego continuó.
- Te damos una última chance de admitir el daño que has hecho toda tu vida, en especial esta noche, hay un interesado en que admitas tu culpa.
Fue entonces cuando escucharon un leve trote y Sean pudo ver que un venado joven se le acercaba y cuando estuvo cerca hizo otra cosa que convertía la noche en algo más extraño, habló.
- ¡Tienes que admitir tu culpa Sean!, yo no quiero tu muerte, sólo que te arrepientas por el asesinato de mi madre esta noche.-
Ahora comprendía que lo del restaurante había pasado, o eso al menos parecía. Fue esta vez el ser esquelético quien habló.
- Ah, pequeño ciervo, creo que te olvidas que todo esto se debe al odio que sentiste en ese momento, tu rabia fue la que nos llamó y gracias a ti, tenemos mucho que purgar esta noche.
- Pero…no quiero su muerte, no así. Míralo, admite tu culpa por favor.- Sentenció el ciervo.
- Muy tarde para ello cervatillo, salvo que nuestro sádico amigo admita y busque redención.
Todos miraron a Sean en ese momento y él les devolvió la mirada, lo meditó un momento muy breve y entonces se burló.
- Lo hice y lo volvería a hacer puto ciervo, tendría que haberte liquidado a ti también.- Luego de decir esto le escupió sangre y comenzó a reírse, esta vez su risa era genuina.
El ciervo lo miró con ojos llorosos y se retiró lentamente.
- Ojalá te pudras en el infierno por mi madre.
- Vete de aquí llorón, ve con tu mami, ah cierto que ya no la tienes.- le contestó en tono burlón.
Ni bien desapareció de la vista de todos, el ser esquelético lo observó con una especie de curiosidad y luego dijo
- ¿De que manera acabamos contigo?, quizá te guste lo que tenemos pensado.
Sean pudo ver como uno de la pareja gemela empuñaba una barreta, pero no cualquiera, la suya, la que había usado con la venado. Pero antes de que pudiera articular palabra alguna recibió un fuerte golpe en el costado de la cabeza que lo hizo dar vueltas.
Un fuerte dolor lo invadía, pero no tuvo tiempo de recuperarse ya que le descargó otro golpe, esta vez en el cuerpo, destrozando lo que quedaba de sus costillas.
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