La historia de Sean - Capítulo 8
8
En cuanto entró al restaurante, trató de inspeccionar las mesas para tratar de distinguir al conductor del
vehículo (aunque en verdad ni él mismo sabía que estaba buscando), de esta manera pudo notar que había
pocos comensales sentados, la camarera que iba de mesa en mesa ofreciendo café y a través de una ventanilla
un torso musculoso que tenía un delantal puesto que rezaba “bese al cocinero”.
vehículo (aunque en verdad ni él mismo sabía que estaba buscando), de esta manera pudo notar que había
pocos comensales sentados, la camarera que iba de mesa en mesa ofreciendo café y a través de una ventanilla
un torso musculoso que tenía un delantal puesto que rezaba “bese al cocinero”.
- (Es gigante, vaya tipazo tras de una freidora).- Pensó mientras dirigía otra mirada a los demás.
Pudo vislumbrar a un tipo flaco de camisa a cuadros, bigotes y una gorra con el lema “Mi camión es mi esposa”,
estaba tomando una taza de café y comiendo lo que parecía un poco saludable plato de tocino con huevos.
estaba tomando una taza de café y comiendo lo que parecía un poco saludable plato de tocino con huevos.
- (No viviría hasta los 70 si seguía comiendo de esa manera, por otro lado ese tipo tenía que ser el
- camionero, su gorra lo delataba).-
En la otra mesa había una pareja hablando, pero los descartó, si mal no recordaba en el auto había una sola
persona.
persona.
Antes de que pudiera ver mejor al muchacho sentado, la camarera lo interrumpió.
- Tienes mal aspecto, ¿Es acaso sangre eso?, fuera de aquí. No atendemos borrachos ni criminales.-
El enojo de Sean no hizo otra cosa que volver a aflorar, esta pobre imitación de moza se atrevía a cuestionarle
la entrada, ahora cuando estaba tan cerca de encontrar al idiota que había tratado de matarlo. Tenía que
ponerla en su lugar.
la entrada, ahora cuando estaba tan cerca de encontrar al idiota que había tratado de matarlo. Tenía que
ponerla en su lugar.
- Escuchame cariño, y escuchame bien, vas a dejarme pasar o vas a ver lo que es bueno. Tengo dinero y
- puedo pagar por tu comida de mierda. ¿Entendido?.
Las palabras habían surtido su efecto, ella estaba aterrada (al menos su cara parecía demostrarlo), tanto que
retrocedió unos pasos. Sean comenzaba a disfrutar esa expresión, una cara de miedo que había visto otras
veces...le daba poder. Lo hacía sentir fuerte.
retrocedió unos pasos. Sean comenzaba a disfrutar esa expresión, una cara de miedo que había visto otras
veces...le daba poder. Lo hacía sentir fuerte.
Ya había comenzado a cerrar y abrir sus puños, sus manos le dolían, sentía ganas, no, tenía la necesidad de
darle una cachetada y así entonces entendería que no debería haberle dicho eso.
darle una cachetada y así entonces entendería que no debería haberle dicho eso.
Pero no tuvo tiempo, en poco tiempo dos manos bastante grandes lo estabas agarrando de la camisa y lo
levantaron, pronto se encontró cara a cara con el que pareciera ser el cocinero a juzgar por su delantal.
levantaron, pronto se encontró cara a cara con el que pareciera ser el cocinero a juzgar por su delantal.
Era un hombre imposiblemente alto, de facciones duras, pero un cabello rubio brillante que relucía en su corte
a lo taza y unos anteojos con mucho aumento. Si no fuera por el enojo en su rostro, este daría risa.
a lo taza y unos anteojos con mucho aumento. Si no fuera por el enojo en su rostro, este daría risa.
Sean trataba de librarse de sus brazos, pero la presión de este lo estaba acabando, el aire se escapaba de sus
pulmones, cada vez veía menos a la moza que paralizada del miedo lo estaba mirando y a los comensales que
parecían indiferentes ante su dolor.
pulmones, cada vez veía menos a la moza que paralizada del miedo lo estaba mirando y a los comensales que
parecían indiferentes ante su dolor.
- (¿Por qué nadie hace nada?).-
Sus ojos estaban poniéndose en blanco cuando sintió una mano en el brazo del gigante y escucho una voz
amable que le decía algo. No pudo escuchar que, pero fuera lo que sea que haya dicho, el gigante estaba
aflojando y el aire volvía a los pulmones de Sean.
amable que le decía algo. No pudo escuchar que, pero fuera lo que sea que haya dicho, el gigante estaba
aflojando y el aire volvía a los pulmones de Sean.
Pasaron unos momentos, pudo escuchar las pisadas de su atacantes alejarse y vió una silueta a su izquierda,
en cuanto se le aclaró la vista pudo ver que esta figura pertenecía a un hombre joven que vestía un jean y
camisa a cuadros roja y blanca.
en cuanto se le aclaró la vista pudo ver que esta figura pertenecía a un hombre joven que vestía un jean y
camisa a cuadros roja y blanca.
- (Parece un puto mantel).- Pensó.
Las facciones del muchacho eran agradables, amables por donde se vieran y los anteojos le daban un aspecto
más juvenil, tendría edad para ser su hijo, si los hubiera tenido claro.
más juvenil, tendría edad para ser su hijo, si los hubiera tenido claro.
- Levantate amigo, vamos.- Le dijo amablemente.
- No necesito tu puta ayuda niño, ni la tuya ni de nadie, ¿Escuchaste?.-
- No estás en posición de negociar nada Sean, te salvé la vida, al menos de momento, ahora levántate y
- sientate conmigo. Tenemos que hablar.-
Su tono era amable, pero en estas últimas palabras Sean noto reproche quizá. Sin embargo, lo peor de todo era
que este tipo sabía su nombre.
que este tipo sabía su nombre.
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