La historia de Sean - Capítulo 9

9
Segundos antes había estado luchando por su vida contra un cocinero de proporciones inhumanas, pero ahora
se encontraba sentado, comiendo con un completo desconocido que conocía su nombre.

El hambre había menguado su irritación por un momento, pero ahora que había terminado sus huevos
revueltos con el café, podría quién era este tipo.


  • Verás Sean, el que estés acá no es por pura casualidad o a decir verdad si. No esperaba que llegaras a
  • este restaurante, o que en si te detuvieras.- Se le había adelantado al hablar.

  • Llegué porque vos me sacaste del camino, me chocaste con tu auto maldita sea, quiero que me des
  • respuestas. Ya.-

El muchacho lo miró un momento con unos ojos pensativos, midiéndolo, hasta que por fin le preguntó
  • ¿En verdad no sabes por qué estás acá?.-
  • Si, porque me chocaste con tu puto auto, por eso, más vale que me respondas porque.-
  • Qué poco amable que sos con quien te salvó de ese tipo.- Sentenció el chico.
Sean estaba perdiendo la paciencia, el muchacho lo estaba haciendo perder la paciencia con su divague, pero
estaba agotado y estaba listo para irse cuando las palabras que surgieron de la boca del chico lo dejaron sin
aliento.
  • Mataste a un venado hace unas horas, lo se porque te vi. Era mi madre.-
  • ¿Me estas cargando verdad?.-
En ese momento la mirada del muchacho había pasado a ser odio puro, si algo podía percibir en la cara de la
gente eran sus emociones, eso había que reconocerle al menos a Sean. Y el enojo del muchacho era real.
  • A ver chico, el mundo funciona de una manera, tu madre no podía ser ese venado…¿O si?-
  • Resulta que sí lo era y la mataste.-
  • Hay cámaras, ¿Verdad?, todo esto es una maldita broma.
  • No lo es Sean, o me dirás tu si tus heridas no lo son.-
  • Fuiste tu quien me las provoco maldito. Aún no me respondiste.-
El muchacho se encogió de hombros y emitió un suspiro.
  • Tenía que haberte matado, pero no quise eso, solamente asustarte.
Hizo una pausa.
  • Darte una oportunidad Sean.-
El enojo de este volvía a subir, el muchacho estaba empezando a hacerlo enojar.
  • ¿ Una oportunidad?, ¿De que?-
  • De redimirte por lo que hiciste a mi madre, a tu ex novia, a todas las mujeres en tu vida y al viejo que
  • mataste, si Sean, se lo del viejo también.-

Eso fue la gota que colmó el vaso, se levantó y fulminó al chico con la mirada, podría molerlo a golpes en ese
momento, ya no le importaba el grandote de la cocina, la redención ni nada.
  • No quiero tu puta redención muchacho, te lo advierto, me estas tocando donde no debes, no se como
  • habrás averiguado todas esas cosas. Pero no tienes nada, ni una puta mierda. ¿Entendiste?.-


La mirada del chico en este momento era de decepción, incluso tristeza, si no fuera porque lo estaba haciendo
enojar, hubiera sentido empatía por él.
  • Es una lástima Sean, podrías haber cambiado tu vida, haberte redimido aunque sea por mi madre. La
  • extraño sabes.

  • No me importa muchacho, ni tu, ni tu madre, ni nadie. Por mi te mueres.
El muchacho se levantó y miró a Sean a los ojos, las palabras fueron cortantes y cargadas de un tono triste.
  • No tienes que pagar por la comida, consideralo tu última cena, ojalá puedas recapacitar antes de que sea
  • muy tarde. Adiós.-


Se alejó con un andar relajado, no saludó a nadie al salir. Por su parte Sean pudo ver que la gente lo miraba, no
había prestado atención a los rostros de los demás comensales.
La pareja eran exactamente iguales en sus facciones, el camionero estaba como sumido en un sueño, el rostro
del gigante de la cocina ya no era duro, simplemente se había transformado en algo completamente grotesco a
la vista, la camarera parecía una arpía dispuesto a clavarle las garras.
Pero lo peor era que no había notado al hombre que estaba al fondo, era un hombre mayor, pálido, pero su
sonrisa era la misma del abogado, de eso no cabía duda.
Un escalofrío recorrió su espalda, se sentó y por un momento no pensó en nada más.

Comentarios