La historia de Ernie - Capítulo 4

El hombre que estaba afuera era el alguacil, que luego de interrogar a las dos enfermeras de turno en el
momento del disparo, se encontró con el director, un hombre bajo y moreno, un tanto regordete, el poco pelo
que este tenía le caía de costado en la cabeza. El capitán Jackson no tenía en mucha estima al director, debido a
las políticas de este para con sus colegas.
Pero en ese momento, dejó de lado esta diferencia y se concentró en el motivo de su visita, el presunto suicidio.
  • Vine en cuanto recibí el llamado director.- Le dijo el comisario con voz amable. Los años no habían sido
  • muy amables con el uniformado, pero en esta profesión son pocos los que se mantienen intactos
  • después de lo que tienen que presenciar.  

Era un hombre delgado, ya con el pelo completamente blanco, el bigote también blanco le daba un aspecto
señorial que no combinaba con la camisa azul y unos jeans gastados.
  • Es lamentable señor Jackson, confío en que actuarán con toda la celeridad posible para no manchar la
  • buena imagen de este hospital. Estamos en la mira desde aquel escándalo con el senador Gutiérrez.-
  • le dijo sin mucho interés el director. Se notaba la falta de interés en la muerte del médico.
  • Haremos todo lo posible, si desea que terminemos rápido, tendrá que darnos acceso al edificio de
  • forma permanente.


Esto no le gustó demasiado al director, al que el disgusto comenzaba a notársele de a poco en la cara.
  • Vera alguacil, esto es una institución de alta complejidad y el mejor de los prestigios, dudo que podamos
  • mantener ese nivel si hay policías merodeando por todos lados y haciendo preguntas. Creo que entiende.-
  • le contestó de forma tajante el director, su boca esta torcida en una mueca entre el desprecio y la altanería.
  • Le recuerdo director y creo que estará de acuerdo conmigo que lo último que necesita su institución es una
  • mancha por obstruir el trabajo de la justicia.

Si bien las palabras del alguacil fueron amables, el semblante del doctor había palidecido, abrió la boca
nuevamente como para decir algo pero al final se encogió de hombros y aceptó con un movimiento de cabeza.
Abrieron la puerta del consultorio de la doctora Sanders y se encontraron con ella y el oficial Pyke abrazados.
No dijeron nada, hasta que ambos se dieron cuenta que los veían. El rostro de ambos se había ruborizado.

  • Creo que tenemos que hablar Pyke, usted y yo en la comisaria.- Le dijo amablemente el alguacil.

Comentarios