La historia de Ernie - Capítulo 5

El alguacil no le había gritado, ni siquiera había levantado la voz, su tono amable y paternal molestaba a Pyke,
quien nunca antes había sentido tanta culpa por algo como en este momento. Y también enojo por lo que
consideraba  una injusticia.
La oficina estaba llena de fotos del actual comisario estrechando la mano de varios gobernadores que pasaron a
lo largo de su gestión, algunas condecoraciones por cumplimiento de su deber y una foto ya amarillenta donde
se lo veía con el uniforme de agente junto a muchos de sus por entonces compañeros.
  • (La mayoría de ellos muertos o jubilados ya seguramente).- Pensó Ernie
El semblante del viejo jefe de policía demostraba cansancio, unas pesadas bolsas se notaban en sus ojos que
miraban con aire comprensivo a Ernie.
El joven oficial se encontraba sentado de frente al comisario quien estaba apoyado en el mueble de atrás de su
escritorio. En diagonal a ellos se encontraba el concejal del distrito, un hombre joven de apellido Sanders.
Sanders debería estar llegando a sus cuarenta, el típico político que ganaba a la gente con sus sonrisas, pese a
usar camisa con tirantes y tener el pelo con una excesiva cantidad de gel.
Fue este quien habló para cortar el silencio.
  • Verá Pyke, estamos en una época complicada, las instituciones familiares peligran y un matrimonio
  • ejemplar como el del doctor Graper y la doctora Gunther no puede verse manchado por algo como esto.-
  • Hizo una pausa y luego con una sonrisa continuó. – Provocar la ruptura de tal imagen pública por un
  • amorío…no sería beneficioso para los intereses de todos.-
  • (Tus intereses y los de tus amigos).- Pensó Ernie.
Si bien este pensamiento estaba condicionado por su enojo, no dejaba de ser del todo cierto. El marido de
Martha, el doctor Nathan Graper era un reconocido cirujano de intachable reputación, estaba destinado a ser el
próximo director del hospital a la muerte o dimisión del doctor Plomo .
Del matrimonio habían surgido 2 niñas, de 8 y 5 años, que Ernie adoraba con todo su corazón y las pequeñas lo
querían a él. Si bien querían a su padre, el oficial siempre notó una conducta extraña de las niñas para con su
padre, siempre se decía que cuando las encontrara solas les preguntaría por ello.
  • ¿Está escuchando Pyke?- Fue Sanders quien lo sacó de sus pensamientos.
  • Si, lo he escuchado concejal.- Se limitó a contestar, no era buena idea pelearse con un político, menos
  • con la jubilación todavía lejos en el horizonte.
  • Confío en que use su criterio entonces oficial, cada uno debe saber su lugar en este mundo y el suyo
  • debe ser lejos de la doctora. Vamos hombre, hay miles de mujeres allá afuera, busque donde mojar la
  • salchicha, pero lejos de ese hospital. 
Una rabia invadía por dentro al oficial, no era sexual solamente lo que los unía y ambos lo sabían, el cariño era honesto y real. Quizá este hombre no entendiera lo que es el amor, estaba seguro de ello.
  • No se preocupe Sanders, mi muchacho entrará en razón, no hay necesidad de ser tan gráfico. Estoy seguro de que entenderá el mensaje. ¿Verdad Pyke?.- Intervino el comisario.
  • Si señor, claro como el agua
El concejal se limitó a sonreír ante la respuesta, se paró y se puso su saco. Le tendió la mano al oficial, quien se la estrechó sin ganas y acto seguido estrechó la del alguacil quien lo acompañó hasta la puerta.
  • Ah oficial Pyke, una cosa más. Recuerde que contamos con su voto para las próximas elecciones.-
Dicho esto se retiró de la oficina y el comisario cerró la puerta tras de él. Un silencio quedó en la habitación, el alguacil miró a Ernie que estaba sentado inmóvil. Sus hombros estaban caídos. Fue este último quien quebró el silencio.
  • No es justo, él no la ama, ni siquiera ama a sus hijas y usted lo sabe Jackson.-
El alguacil, quien sostenía su sombrero en mano, soltó un poco de aire y se estrujó un poco el sombrero.
  • No es justo Pyke, tienes razón. Pero esto debe terminar. Tienes un futuro por delante en la fuerza muchacho. No dejes que un amorío arruine todo.
  • ¡No es un amorío Jackson, como puede ser que no lo entienda!
Le había gritado a su jefe y amigo. Se había levantado con una ira que nunca antes había sentido hasta entonces. Había cerrado los puños incluso, es que acaso pensaba golpear al alguacil, no lo sabía.
El viejo policía no hizo caso a esto, le puso una mano en el hombro al pasar a su lado y luego colgó su sombrero en la percha que estaba al lado de su escritorio.
  • Pyke, se lo que estás pasando. Yo también me enamoré en una época de una mujer que no debía. Su padre no autorizaba nuestra unión, quería que ella se casara con un hombre de alta sociedad…no con un simple policía.- Hizo una pausa y continuó. – Dejar de verla fue la decisión que al día de hoy más me arrepiento. Pyke, si por mi fuera te diría que escuches a tu corazón y vayas por ella, pero no puedo. Perdón.- 
El tono del alguacil era triste, nunca le había escuchado así y cuando Ernie vió el rostro de su amigo y superior, se veía más viejo que nunca y una mueca de tristeza marcaba su cara.

  • Yo…lo siento Paul, no era mi intención.-
  • Está bien Pyke, hablaremos más tarde de esto. Ahora tienes que ir a cumplir tu deber.-

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