Yo la amé (breve cuento)

Mientras estaba sentado en la mesa del comedor se puso a pensar en todo lo que su vida le ofrecía.

Tenía un buen trabajo, había estudiado una carrera, pero algo le faltaba y ese algo era la sensación de amor.

No ese amor institucional que te da la familia, que si bien es puro en la mayoría de los casos, te da un regusto de falsedad por el lazo de sangre. Como que estás obligado a amar y ser amado por esa familia que te toco. No importa que pase o sientas en realidad.

Él buscaba el amor honesto de otra persona, de hecho ya creía conocerlo. Estaba seguro de ello.

Tomó un sorbo de su café, mal hábito que se le estaba pegando por dormir poco.

El café se había hecho parte de su dieta habitual por las pocas horas que voluntariamente destinaba al sueño.

Sabía que no era un hábito para nada saludable, pero no concebía otro estilo de vida. Simplemente por escapar a esa sensación de vacío que tenía.

La mesa estaba situada en la otra punta del comedor, pero estaba sentado de frente al ventanal, que le daba la tenue luz de la mañana.

Esos momentos que pasaba a la mañana eran por momentos surreales, el silencio y la falta de emociones lo hacían sentir como si todavía estuviera en un sueño.

Bebió otro sorbo de su café y miró hacía el contenido de su taza, un mar de oscuridad amarga era todo su desayuno.

Debería volver a tomar leche. La cafeína no era buena para él y aún así se tomaba esa taza cada mañana.

Volvió a mirar por la ventana y rememoró cada momento con ella, cada caricia, cada beso y el sonido de su risa.

Es verdad que él la había alejado definitivamente, pero ahora había un vacío, su ausencia le dolía.

Todo lo que tenía que hacer era levantar el teléfono, marcar su número y escuchar el sonido de la voz de ella. Pero tenía miedo.

Había pasado ya un tiempo desde la última vez que hablaron e incluso un poco más desde que se vieron.

Qué hacer? Sería más débil por acudir a ella luego de echarla?

Eso no le preocupaba, sería capaz de arrastrarse con tal de escucharla nuevamente.

Lo que él temía era el rechazo, escuchar de su dulce voz que ya lo había olvidado. Que había rehecho su vida.

El miedo lo paralizaba, el miedo del cual él tanto se jactaba haber superado. Este miedo era su amo y dictaba su destino.

Se cambió de ropa, y se subió al auto para ir al trabajo. 

Manejó con la radio de fondo, la música que escuchaba todos los días le hacía acordar a ella. 

Radio de "taxista a la noche" le decía ella, que escuchaba música más moderna que él.
Se sentía a veces un hombre grande encerrado en un joven de 30 años.

Dejó el auto en el estacionamiento y saludó a sus compañeros que esperaban el ascensor, él tomaría la escalera.

En todo momento tenía una máscara de simpatía. Simulaba estar bien para los demás. Solamente ella había visto su verdadera dicha. Ella lo hacía feliz.

Se sentó en su máquina y las próximas 8 horas fueron mecánicas, monótonas. Deseando irse cuanto antes.

La comida sea quizá lo único que disfruta en su trabajo, las charlas también. Pero todo tiene un dejo de mal sabor.

Algo le falta y sabe que es el amor de ella.

Pero por más que se ilusione con su regreso, es un ideal vacío. Las cosas serían iguales si ella volviera? O siempre existiría el amargo sabor de una pelea o el malentendido?

Lo piensa porque muchas veces les pasó y eso lo deprimía.

Dejó su puesto al fin del día, saludo a los que aún quedaban en la oficina y se fue.

Subió al auto, puso la radio de vuelta y emprendió el camino a casa por la ciudad que en estos momentos tomaba una locura sin igual.

En esos momentos lamentaba no poder caminar a su trabajo como antes.

La música no lo aliviaba, muchos temas le recordaban a ella, en especial una balada romántica en inglés.

Llegó a su casa, el espacio que antes compartiera con su familia, ahora que vivía sólo su única compañera era la soledad.

Fue en este momento que le llegó un mensaje a su teléfono celular.

Era ella, la mujer que tanto había añorado estaba volviendo a su vida.

Tuvo miedo, un miedo desesperado, no sabía qué hacer.

Finalmente tomó fuerzas y le escribió unas palabras a su amada…”Te amo, no puedo vivir ya si vos”.

Pasaron los minutos y no le contestó.

Se habría enojado?, ella lo estaría despreciando?.


Por fín su teléfono se iluminó con una llamada. Respiró, tomo fuerzas.


Atendió.



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